Los estibadores son un eslabón pequeño en cuanto a número de profesionales, pero clave en la cadena logística del comercio internacional. Con una capacidad de presión proporcional a lo que significa en la época de la globalización tener en su mano la posibilidad de detener o condicionar severamente el flujo de las mercancías por los puertos.
Esta actividad forma parte de aquellas tradicionales en las que, al estilo de los gremios medievales (o más recientemente de los colegios profesionales), han tenido capacidad para organizar y limitar el acceso a la profesión controlando también los precios de los servicios prestados en base a baremos o tarifas oficiales. Los gremios hace mucho desaparecieron y su lugar lo ocupan sindicatos y patronales, los colegios oficiales se limitan actualmente a los aspectos profesionales o deontológicos pero un sector tras otro, para beneficio de los consumidores, han tenido que irse abriendo a la competencia.
Parece que por fin, tras estirar la situación al máximo , llega el turno de la estiba y lo hace con la total oposición de los interesados que ven cómo se pone en riesgo una situación que hace tiempo dejó de ser la de aquellos trabajadores manuales que gracias sobre todo a su conocimiento del oficio, habilidad y la fortaleza física necesaria para mover la carga con escasos medios mecánicos, conseguían bajarla o subirla a bordo del barco y colocarla en sus bodegas de la forma más adecuada; trabajadores que eran mal pagados y que con frecuencia les llevaba a una fuerte actividad reivindicativa temida por todos.
La evolución tecnológica y social han dejado atrás aquellas circunstancias pero no la organización del trabajo y la actitud de lucha sindical de los estibadores incluyendo las amenazas de huelga que teniendo en cuenta sus sueldos actuales en la realidad del entorno laboral que tenemos, hoy en día se asemejan mucho más a las convocadas por los sindicatos de élite, como las huelgas de pilotos de líneas aérea – que no olvidemos que se son los capitanes de la aeronave- que a la de unos obreros portuarios.
La paz social en los puertos es muy importante y hay que confiar en que se llegue a una solución pactada por el bien de todos. Pero los estibadores deberían pensar que la reconversión de su actividad no solo es necesaria porque hay situaciones en su trabajo que han devenido en privilegios insostenibles, si no porque para tener un futuro deberán adaptarse – como todos- a los avances de la industria 4.0. Cuanto más difícil hagan la gestión portuaria, más incentivos estarán dando a las navieras y a las empresas de explotación de terminales marítimos para avanzar hacia una rápida robotización.
